Escrito el 31 Aug, 2010

Aplícate el cuento

Mi castillo

Mi castillo

A ti. Esa imagen divina que me visita por las noches. Que viene de paso a leerme cuentos para conciliar el sueño perfecto. Debo reconocer que cada día te siento más lejos, pero en cambio cada vez estás más cerca. Debo reconocer que alimento mis ilusiones con tus visitas furtivas, extrañas, llenas de incógnitas a las que no sé aun responder. Reconozco también haber sido nombrado caballero, vigilante diario de nuestros recuerdos más cercanos. Con mi cruz en el pecho, colgada de un sentimiento abierto en canal, ya no sufro por el vacío que dejaste con tu indiferencia. Yo mismo puse piedra a piedra la muralla que hoy nos separa, y a la vez que la guardo a ella, oteo el horizonte tras las almenas, buscando en el atardecer aquellos vivos momentos junto al ser que llegaste a ser para mi. Ese que creí, y creo eterno. Es así, inmenso, infinito y singular como cada beso que escondías para mi al llegar junto al árbol podado de tu puerta. Hoy ese árbol no dejará que veas ese mar en el que soñé que me sumergiría junto a tu cuerpo desnudo, agazapados, escondidos, descubiertos únicamente por la lámpara maravillosa de la luna, esa a la que miro, queriendo pensar a diario, que es la misma que tus ojos pintados a mano contemplan.

Estos días sirven para el consuelo, para dejarme llevar por un sueño yermo, inerte, conservando escritas todas tus preciosas palabras, y desterrando de mi reino aquellas que lo convirtieron en infierno. Cuán dulce puede ser un recuerdo cuando se amolda, se teje puntada a puntada, dejando brotar únicamente lo bello.

Espero que vueles tan alto como tus ilusiones te dejen, aquellas a las que logré partir una vez sus cadenas, junto al escudo que cubría tu ternura. Hoy creo que hice mi trabajo, mal o bien, pero llegué por algo, y hoy me siento junto a mi tesoro más preciado, para que nadie lo toque, para que ningún mal altere tu infinito recuerdo.

Desde el torreón más alto de mi castillo, te observo.

Get the Flash Player to see this content.

Escrito el 28 Aug, 2010

Sin recordar que te olvidé

Imagen del olvido

Imagen del olvido

¿Se puede olvidar un olvido? ¿Puede uno sumirse en el sueño diario cada mañana, olvidando que intentaba olvidarme de ti? Y es el olvido eterno de tu parte lo único que mi olvido recuerda, porque desde mis intentos de olvidarte, nacen otros olvidos para olvidar que sufro intentando olvidarte.

Olvido, qué palabra. Qué significado más cruel cuando no se logran sus objetivos. Quizás utilizando aquellas palabras que clavaste malintencionada en mi, aquella mañana, de aquellos días felices, pueda primero olvidar mis intentos, no recordar mi tarea diaria llena de olvido, de denodados esfuerzos por no plasmar en los ojos de ellas la imagen de los tuyos.

No quiero olvidar que te olvidé. Quiero olvidarme del olvido, para no regresar nunca a la dicotomía de ser, entre el olvido y tu amor, entre la locura y el presente, entre mis ganas de contemplarte de nuevo, y mi paz de estos nuevos días.

Escrito el 14 Aug, 2010

Sueño de cumpleaños

Como un sueño bello

Como un sueño bello

Hoy desperté queriendo vivir en el sueño bello que acababa de visitarme. Eras tan bella, podría dibujar las líneas de tu cara sobre las cuerdas de mi guitarra. Estuviste a mi lado a cada paso de mi vida. En cada problema, en cada lloro o en cada despertar maravilloso, lleno de caricias e infinitas pasiones. Te miraba enamorado el primer día, el segundo, el tercero, y así me di cuenta de que, sin haberlo pretendido, mi corazón halló la solución al enigma. Fueron años de felicidad plena, años de miradas cómplices, de silencios compartidos y palabras llenas. Bastaba con mirarnos para cumplir nuestros deseos. Y es que no existían cristales que moldearan tu imagen, te veía más bella con cada caída del sol, con cada fuga de un segundo.

No sé si existes, no sé si vendrás en esta, o en otras vidas, pero lo que sí sé es que desde esta bendita noche te conozco, aun sin conocer tu rostro, tu pelo, tus manos o tu voz, si algún día el cielo me regala tu presencia, sabré inmediatamente que estás presente. Has dejado clavada en mi la sensación de tu energía, de tu ser, y aun no te he rozado, ni amado hasta la locura. Si algo puedo pedir en esta loca rueda de los días, ya lo pedí, y se concedió en un sueño maravilloso, esta pasada noche.

Escrito el 16 Jul, 2010

Reniego

¡Basta!

¡Basta!

Ya no siento. Ya no padezco. Ya desisto de todo intento de calmar esta inmensa rabia que recorre mis venas. Si vas a regresar por las noches a machacar mi tranquilidad, limítate a clavarme directamente el tercer puñal y acaba con todo. Has conseguido que reniegue, que crea firmemente que fue un tremendo error saludarte de aquella manera en la que entonces era mi tranquila vida. Haces que me arrepienta de cada una de mis palabras en aquel escueto y sincero mensaje. Ni tan siquiera debí leer, ni responder, ni ver el amarillo aquel día.

Desaparece. Llévate todo, cada una de mis frases, de las tuyas. Pero no vuelvas en los brazos de la noche para atormentarme. Haz como si jamás hubiera aparecido en tu vida. Sigue como aquel día en el que levanté tus ánimos y no debí hacerlo. Hoy soy una milésima parte de lo que te ofrecí sin conocerte, una ridícula parte restante de este tormento. Deja en paz mis sueños, mi descanso, mi refugio, y corre a encontrar si puedes alguien que se acerque al menos a lo que yo pude amarte. Sólo con esa ínfima parte podrás ser feliz, sólo con acercarte.

Quiero tumbarme libre del miedo a encontrarte, desatado de toda angustia, del pesar inmenso que me causa encontrarte. Encontraré la forma, lo juro, pero no volverás a maltratarme.

Escrito el 9 Jul, 2010

Palabras de paso

Hoy intentaré ser tan libre al menos como ayer. Retrocederé para coger el impulso y soltar la bocanada de aire que me sobra también de ayer. Es simple el querer disfrutar del lápiz cuando se dibujan pensamientos enclaustrados en la luz, en la llama del mechero. Ese que enciende ideas como cigarros, convertidos en palabras humeantes que rebosan de alegría y humildad.

Soy el pasajero que viene de frente a verte cada tarde como antaño, cuando me sentaba frente a los cristales de tu portal a esperar que saliese por la puerta tu sonrisa divina. Caminar, reír, bueno, sólo es un sueño, así que… ¡qué más da!, si cuando despierte las cuerdas seguirán oxidadas y medio partidas. Sordas del tiempo, sordas a todo lo que ocurre, a los gritos que claman por la victoria de alguien muerto. Podría ser yo, lo ignoro. Como también oculto las breves charlas matutinas con el recuerdo de tu boca, esa que me costó mucho, muchísimo reconocer.

He vuelto pero no estoy aquí. Es como si de mi dependiera la rectitud del horizonte, pero yo lo viera doblado. Es más, no sé si quiera si necesito verlo. Puede que baste con imaginarte allí, lejos bañada en él, que ya es mucho el lamento y poca la tranquilidad. Por esto únicamente quiero vagar y cargar con ellos, todos juntos obrarán en consecuencia y brotará como si nadie lo viese mi aliento de vida, el que supongo alzará mis pasos hacia el pronto reencuentro ¿quizás esta noche?