El olvido
Suena bien, aunque sólo sea una coraza para protegerme de los golpes. Suena extraordinario desprenderse del pesado aliento de tu recuerdo que, créeme, no cesa. Por eso olvido, me obligo a olvidar, y me pongo todas las mañanas mi traje de colores, para que noten que te olvido, aunque no exista en mí tal cosa. [...]