¿Está mal creer por un momento que fuiste dueño del paraíso? ¿Es equivocada una decisión cuando unicamente hiciste lo que sentías? ¿Está mal creer que el mundo se equivoca? ¿Se puede decir que está mal entregarlo todo simplemente por tener tu presencia? ¿Debe uno culparse mientras viva sabiendo que dejó escapar el tesoro más inmenso?
Son tantas las preguntas, y tan inútiles las respuestas, que por un momento decidí enfundarme el traje de don nadie, pasar desapercibido, sin sombra que pudiese delatarme. Hoy aun llevo puesto aquel traje. En un bolsillo llevo los caramelos de tus palabras, esas que me subían al cielo. En el otro llevo el veneno de tu olvido, el amargor de tu indiferencia. Voy comiendo a pares uno y otro, hasta que por un momento caiga en la cuenta de que están vacíos los bolsillos. Y decida llenarlos esta vez sólo con luces, con esas que recibo cada mañana cuando recuerdo a mi ángel, aparecido únicamente para levantarme.