Escrito el 12 Jul, 2010

La carta ausente

Escribo aun torcido, como los renglones en los que escribe ese Dios que tuvo el atrevimiento de ponerte en mi camino. Escribo cartas y las tiro a la basura. Escribo tantas letras como veces te apareces en mis madrugadas. Cartas llenas de fantasmas que acechan mi tranquilidad, y la intentan derramar a lo largo de mis días. Un día me viste echar aquella carta, sin ver realmente que la echaba. No sé si hoy ves sin verme, si hoy sientes que escribo sin escribirte a ti. Te llamo sin querer que contestes, te grito con rabia como el que necesita el desahogo, el descanso, la parada en el camino.

Hay quien dijo una vez “Puedo escribir los versos más tristes esta noche“, y es precisamente esta noche, cuando encuentro que podría escribirlos, los más tristes de mi vida. Pero no lo haré. Seguiré escribiendo cartas abiertas desde el inicio. Cartas a corazón abierto, sinceras, llenas de ti, de mi, pero nunca más de tristeza, nunca más de dolor. Prefiero guardar estos versos para cuando de mi boca salgan frases cantadas, y gritar al que escuche mil historias sobre lo inmensamente feliz que pude ser, y lo tremendamente horrible y oscuro que se volvió el amanecer, el día que desperté tras mi partida.

Llevo tu carta ausente como el tatuaje que nunca me hice. En blanco y negro, en olvido, condenado a recordar, por pretender olvidar.

Escrito el 10 Jul, 2010

Mal día

Llueve. Mientras a todos los demás les desarma una calor inaudita, a mi alrededor sólo llueve. Es lluvia fresca, pero aun no deja ver el sol. Llueve como si no quisiera parar nunca, como si con esta lluvia pretendieran ahogarse cuantas penas hoy rozan mi piel. Deseada, mucho, porque me calma este ansia, estos miedos. Y respiro fuerte bajo su delicado roce, mientras dejo escapar cada uno de mis fantasmas.

Se van, se van a formar parte del olvido. Ese que tengo pintado en el muro de mi cabeza. En el que cuelgo todos y cada uno de mis temores especiales. Allí colgaré tu fantasma junto al de nuestros días claros. Aquellos en los que nos llenamos de arena, en los que mojé mis pies mientras me llamabas loco.

Es un mal día para todo, para cualquier cosa. Pero aun más lo es para ver llover.