Escrito el 10 Jul, 2010

Mal día

Llueve. Mientras a todos los demás les desarma una calor inaudita, a mi alrededor sólo llueve. Es lluvia fresca, pero aun no deja ver el sol. Llueve como si no quisiera parar nunca, como si con esta lluvia pretendieran ahogarse cuantas penas hoy rozan mi piel. Deseada, mucho, porque me calma este ansia, estos miedos. Y respiro fuerte bajo su delicado roce, mientras dejo escapar cada uno de mis fantasmas.

Se van, se van a formar parte del olvido. Ese que tengo pintado en el muro de mi cabeza. En el que cuelgo todos y cada uno de mis temores especiales. Allí colgaré tu fantasma junto al de nuestros días claros. Aquellos en los que nos llenamos de arena, en los que mojé mis pies mientras me llamabas loco.

Es un mal día para todo, para cualquier cosa. Pero aun más lo es para ver llover.

Escrito el 10 Jul, 2010

Con la ayuda del frío

Tu mirada fría

Tu mirada fría

Así lo intentaré. Primero descompondré tu imagen entre paredes de cristal, encerrada y rodeada de agua. Colocaré tu recuerdo en el lugar más lúgubre de mi casa, dejando reposar tu imagen esos diez días que cumplan con su cometido. Después de haber borrado tus inmensos ojos del papel, volveré a recogerte, desdibujada, irreconocible, e intentaré pedirle al frío que congele tu recuerdo en mi mente, que lo dejé aun más frío que tu indiferencia hacia mi, que tu frío olvido, que tu intento de congelarme aquella vez.

Cuando otras diez lunas se escondan, sacaré del frío el conjuro de olvido, y podré comprobar si la ayuda que pido, me es concedida. El olvido, el desarme de tus tropas, aun acampadas frente a mi puerta.