Llueve. Mientras a todos los demás les desarma una calor inaudita, a mi alrededor sólo llueve. Es lluvia fresca, pero aun no deja ver el sol. Llueve como si no quisiera parar nunca, como si con esta lluvia pretendieran ahogarse cuantas penas hoy rozan mi piel. Deseada, mucho, porque me calma este ansia, estos miedos. Y respiro fuerte bajo su delicado roce, mientras dejo escapar cada uno de mis fantasmas.
Se van, se van a formar parte del olvido. Ese que tengo pintado en el muro de mi cabeza. En el que cuelgo todos y cada uno de mis temores especiales. Allí colgaré tu fantasma junto al de nuestros días claros. Aquellos en los que nos llenamos de arena, en los que mojé mis pies mientras me llamabas loco.
Es un mal día para todo, para cualquier cosa. Pero aun más lo es para ver llover.
