Te espero
Sabes que te espero. Sabes que siempre lo he hecho, todas nuestras vidas. Marco con lápiz los días que restan para tu llamada, los amaneceres que aun me quedan descubierto al frío de tu ausencia. Sin darme cuenta los voy acumulando en una caja para mis temores, y así los mando al olvido, mientras me dispongo una noche más a besarte en la frente antes de gritar un te quiero sin separar mis labios.
Así te espero, así te aguardo mientras escucho una y otra vez las voces que grabaste en mi memoria. Aquellas dulces palabras… ¡Quiero decirte que te amo! ¡Pero yo quiero verte ya! Y mis respuestas buscando tu calma, tu tranquilidad, que en ti calara la seguridad de que el que te escribe, te ama como no lo hizo jamás, y lo que es aun más cierto, como jamás será capaz siquiera de imaginar amar a alguien.
Porque te tengo viva en mis letras, feliz en mis pensamientos, y desnuda en mis pasiones. Por eso no abandono, no decaigo, aunque el camino de tu silencio sea el más duro entuerto en el que me vi nunca envuelto.
Jamás podría decirse que he vuelto, porque jamás puse un pie lejos de tus besos. Esos que atesoro para cobrarlos en esta o en la vida que el universo me tenga reservada para gozarte cada milésima de segundo. Besos que no regalo, porque tienen dueña, porque son tuyos, yo no los quiero.



