Conjeturas

y alguna blasfemia que otra

El loco que habla con la luna

Cuando al sol le faltan fuerzas. Cuando el sol ya no calienta, dejando de calentar el alma. Es ese momento cuando más enamorado de la luna me siento. Enamorado de sus miles de perfiles, de sus apasionadas apariciones a pleno día, como despreciando las leyes de esa misma naturaleza de la que es parte. Está allí, dispuesta a encontrarse con él. Ese sol que la busca desde el alba hasta el anochecer, y que sabe que si se rindiera, dejaría pasar esas miradas de frente a ella, esas sonrisas llenas de complicidad, esos besos de pasión sin ni siquiera rozarse.

Me enamoro de ti cada noche. Porque te veo ahí, la misma de siempre, pero única como ninguna. Tan resplandeciente, que ocurra lo que ocurra en este mundo, simplemente alzando la vista logro calmar mis mares de dudas, mis ansiedades. Y me lleno de esperanza cada vez que sonrío y te grito – ¡Guapa! – mientras todos miran al loco que habla con la luna.

Luna y Sol

Luna y Sol

Payasa

Payasa

Con la fuerza de millones de versos sacados del libro de la vida. Con la viveza que sólo saben brindar los nuevos sueños, los nuevos anhelos o las nuevas virtudes por descubrir, por compartir. Deseo a deseo, rincón tras rincón se descubren dos ojos enclaustrando una mirada sincera y dulce, llena de la misma curiosidad que un día creí perdida para siempre.

Tengo tantos, llevo tantos a cuestas, que no sé si serás capaz de hacerte una idea de cuántas vidas llevo esperando que llegues, que seas tú, que sean tus labios los que se vuelquen hacia los míos sin pedir nada a cambio, recibiéndolo todo por mi parte.

Aun recuerdo el momento en el que tu nariz de payaso me hizo sonreír sin pretenderlo. Y es esa imagen la que hace que tu energía te haga aparecer ante mí desnuda de cualquier prejuicio, falsedad o mentira. Sin saber el motivo confié en ti en aquel momento, sin haber cruzado dos palabras en un triste hueco. Aquello me hizo sentir que aquella payasada estaba llena de sinceridad, de muestras de cariño, de lealtad y humildad para conmigo, si el tiempo lo quisiese.

Hoy intento liberarme del ancla que permanece enterrada en un sueño roto, pero debes saber que por ninguna quise levar este ancla, por ninguna deseé jamás zarpar de nuevo ¿Serás capaz de ayudarme?

Miedos

Tengo un sueño. Uno por encima de los otros cientos de anhelos que atesoro. Es tan grande ese sueño… Es tan sumamente bello, que siento pavor por si una vez dentro, se vinieran abajo todos mis intentos.

He pegado pedacito a pedacito cada trozo de mi corazón. El que desparramaste por el suelo de tu cocina, aquella horrible mañana de sábado. Ahora me inunda el miedo, me desbordan las dudas. Pero tengo el remedio…

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Secuestrada

Voy a robar tu vida, y me la llevo a mis sueños ¿Te importa? No sé ni por qué pregunto. Me da igual tu respuesta, porque ya te secuestré, y te coloqué de lleno en mis tropelías nocturnas. Aquellas en las que monto y desmonto, hago y deshago cuanto se me antoja. Si por un casual duermes tranquila una noche, derrotada por los pasos del día, y sientes un leve beso entre tu pelo y tu oído, seré yo, no será otro. Tampoco pedí permiso para ese beso, ni lo pienso hacer para ningún otro.

Hay mucha diferencia entre caminar y piropear la belleza cuando se cruza contigo, y querer secuestrarla para uno mismo. Disfrutarla a mi antojo, sin temor a que esos ojos felinos y profundos me rechacen, porque como ya te digo, en mis sueños mando yo. Y me hago con el control absoluto de tus miradas, agachadas, furtivas, encerrando deseos que ni a mí se me ocurrirían.

Pero eso, preciosa, son hechos de mis delirios, elucubraciones de mi ser vagabundo que tuvo la suerte de cruzarse contigo, con todas esas fotos repasadas hasta el más mínimo detalle, para cuadrar perfectamente tu sonrisa en el sueño de esta misma noche. Para saber cómo respiras, de qué color es tu piel cuando anochece ¿Sabes? Cuando tuve por fin la suerte de encontrarte en el mundo de los cuerdos, al encontrarnos y al despedirnos, no lo pude evitar. Al inclinarme para besarte a modo de saludo, o despedida, llené mis pulmones, sacié mi curiosidad de tu olor, y me lo llevé también secuestrado para abrir el frasco por las noches, con los ojos cerrados y en brazos de Morfeo.

Tal vez nadie sepa jamás de tu secuestro nocturno. Tal vez mi vida sea en realidad el momento, las pocas horas que paso conduciendo a ninguna parte, contigo a mi lado, mientras tu mano en mi nuca, acaricia mi pelo, mientras suena cualquier canción, cualquiera que nos haga soñar, o despertar.

Te espero

Sabes que te espero. Sabes que siempre lo he hecho, todas nuestras vidas. Marco con lápiz los días que restan para tu llamada, los amaneceres que aun me quedan descubierto al frío de tu ausencia. Sin darme cuenta los voy acumulando en una caja para mis temores, y así los mando al olvido, mientras me dispongo una noche más a besarte en la frente antes de gritar un te quiero sin separar mis labios.

Así te espero, así te aguardo mientras escucho una y otra vez las voces que grabaste en mi memoria. Aquellas dulces palabras… ¡Quiero decirte que te amo! ¡Pero yo quiero verte ya! Y mis respuestas buscando tu calma, tu tranquilidad, que en ti calara la seguridad de que el que te escribe, te ama como no lo hizo jamás, y lo que es aun más cierto, como jamás será capaz siquiera de imaginar amar a alguien.

Porque te tengo viva en mis letras, feliz en mis pensamientos, y desnuda en mis pasiones. Por eso no abandono, no decaigo, aunque el camino de tu silencio sea el más duro entuerto en el que me vi nunca envuelto.

Jamás podría decirse que he vuelto, porque jamás puse un pie lejos de tus besos. Esos que atesoro para cobrarlos en esta o en la vida que el universo me tenga reservada para gozarte cada milésima de segundo. Besos que no regalo, porque tienen dueña, porque son tuyos, yo no los quiero.

Algo de tiempo

Una llamada. Una voz para calmar un río de dudas. Una contestación para regresar del sueño tornado en duelo.

Siempre reinarás

Cuando hay canciones que lo dicen todo. Cuando las palabras vuelven como el eco, aunque estés en un desierto inmenso. Sobran ellas y todo ser humano alrededor…

No hay manera…

Aunque tú no lo sepas

Aunque lo ignores, escribo canciones mientras imagino que te las susurro al oído. Aunque te pase desapercibido, escucho canciones y todas hablan de ti. Qué dulce tortura esta en la que lamerse las heridas resulta adictivo, necesario para ese amor medio muerto, que aun pernocta en lo más profundo. Tú, sin saber, sin ser consciente, y yo muriendo tras haber puesto entre nosotros un muro invisible. Un muro que haga de salvavidas, de lienzo para pintar lo que imaginé, lo que aun imagino que harás tras él. Reír emocionada con una de mis frases, llamarme ansiosa de madrugada, o llorar desconsolada por no poder encontrarme.

Aunque tú no lo sepas, te sigo amando, con más fuerza si cabe, con locura desatada, esa que me hace amar a un fantasma, esa que me hace verte en todas ellas cuando las beso, cuando les sonrío inmóvil, creyendo haberte sonreído. Sí, hago todo esto, aunque tú no lo sepas.

Gracias tocayo.

Canción incompleta

Abismo

Abismo

¿Recuerdas aquellos acordes? Quise que completaras mi canción, y no lo hiciste. La dejaste sin rostros, sin forma, sin colores. Pero lo cierto es que sigue hoy más viva que nunca, con su esencia despierta, con su alma entera, dispuesta a reaccionar.

Es como si ella siguiera mis pasos y hubiera congelado el reloj justo en el momento en el que me despreciaste. Y ahí seguimos los dos, ella y yo. Yo la escucho una y otra vez, para calmar mi sed de melancolía, de besos que ya no tengo, de risas que ya no escucho. Cuando ella sonaba joven, alegre, yo ardía en deseos por llegar una vez más a tu presencia. Ahora, congelados los dos, viajo sólo al momento en el que, a modo de broma macabra, metiste tu linda mano en mi pecho, cogiste mi corazón, y lo lanzaste al suelo con fuerza.

Mi ser es así, convive con la fuerza de mi energía, y los rincones donde vuelvo para recordar que un día, me hiciste el hombre más feliz del universo. Por eso sigue incompleta, como el camino que zanjaste, dejándolo cortado en un precipicio sin fondo, en el que aun caigo, escuchando nuestra canción incompleta.

Mala

Mala

Mala

1. adj. Que carece de la bondad que debe tener según su naturaleza o destino.

Prefiero mil veces haber sido lo contrario a ti, a tu ser, a tu persona. No hay en mis adentros resquicio alguno de remordimiento o resentimiento. La culpa se alió con tu paranoia, y tu verdadero semblante, oculto para ese supuesto dominio, tuvo que verse forzado a lucir a la luz del día.

Yo te quise, a manos llenas, a besos transparentes, sin páginas escritas con mentiras, con maldades. Ser oscuro, perverso y mal intencionado. Jamás serás capaz de amar como el ser humano lo hace, porque sólo tienes de éste el aspecto. Un delicioso y precioso envoltorio, que deseé, que poseí, sin alma, sin ser.

Aleja tus pensamientos de mí, de mi energía, que por mucho que lo intentes, tus negras intenciones pasan a kilómetros de mí.