Sin despedida

Esta vez no habrá despedida. No me quedan fuerzas para intentar armar de nuevo los pedazos de lo que acabas de romper con dos palabras. Estaba tan fuerte, tan lleno de esperanza, y ¡zas! Bastaron unas pocas palabras frías como el filo de un cuchillo para lanzarlo contra la pared.

Hoy me siento el tonto del pueblo, el iluso que vive en un mundo de color inventado, al que has hecho bajar de un plumazo al suelo gris y yermo. Creí estar preparado, pero no pude estar más lejos de la realidad…

Un beso, pequeña, adiós…

No habrá más pequeña, no.

Mañanas del mañana

Mañanas en las que levantas el vuelo sabiendo, tomando decisiones para fijar un rumbo. Uno que se fijó con sólo descubrir tu despertar a mi lado. Con sólo sonreír al contemplar unos ojos tan bellos, hinchados del descanso, que sonríen también y calientan con su color azul cualquier pesadilla que hubiese podido venir a visitarme.

Hoy decidí lo decidido hace ya mucho tiempo. Recordé que antes de tu última parada, acogía en mis manos papelitos con los nombres que tendrás en otras vidas. Y los repasaba para que la muerte no borrara su significado, cuando quiera llevarme de nuevo a tu encuentro.

Aquí estaré, paciente, aunque dicha palabra sólo tenga cabida en mi vocabulario cuando se refiere a ti, a tu persona, a la espera de una caricia tuya. Sentado en mis canciones, en mis letras. Allí aguardaré una o mil vidas hasta que quieras dejar tus maletas junto a las mías, y llenar juntos un nuevo arcón sin fondo, en el que brindar a la vida toda la gracia que nos concedió al disponer por fin nuestro compromiso eterno.

Que te amo no es secreto alguno. Que guardaré silencio hasta el momento escogido, tampoco. Allí estaré, siempre.

Llegada desde el sueño

Es difícil explicar esta sensación. Cuando el amor de uno, su corazón y su alma están encarados hacia una sola persona, resulta increíble, surrealista, asombroso, que uno despierte al alba con la sensación de haberte amado a ti por unas horas.

Sé que he estado contigo esta noche. Te he besado como lo hice antaño, te he hecho el amor y tú me lo hiciste a mí, mejorando todos nuestros pasionales encuentros ¿Has querido colarte en mi cabeza esta noche? Como buena bruja que te considero, veo en eso una de las posibilidades para encontrar la paz a esta incógnita revelde. Aun ahora, muchas horas después, no logro ubicarme en el día, no consigo razonar con nitidez. Sólo recuerdo, imagino, escudriñando en un sueño maravilloso, inesperado y violento, que me va a tener dudando durante estos próximos días.

Letra, E, de Enrique, de ensueño, de evocador, de envuelto en tus caricias. Letra V, de violencia pasional, de verso en tus palabras, de voraz en tus necesidades. Y letra A, de asombro, de arte en tu desnudo, de altura en mis orgasmos, de asueto al contemplar tu rostro, tranquilo y sonriente.

Si lo vuelves hacer, Eva, hazlo igual, y que yo nunca, jamás despierte.

Soñando

Soñando

El nombre mitológico

No sé si lo hubieras conseguido. Ignoro si serías capaz de ello. Lo único que sé es que me sentí desatado, libre, inmerso en un mar de posibilidades que hasta ahora creí cerradas a cal y canto. Conseguiste que el año nuevo resultara nuevo en el sentido más estricto de la palabra. Decidí que ya era tiempo de sacar a pasear ese encanto dormido, y lo puse de nuevo frente a alguien a quien los piropos se le quedaron cortos, inútiles. Quizás fuera la noche, inquieta, o la luz de cualquiera de los bares que nos vieron entrar, pero ayer me vestí de cobarde, intentando decidir la conveniencia o no de un asalto en toda regla.

Imaginé mil veces el resultado, y por culpa de esto me quedé sin comprobar con los ojos cerrados si hubieses sido capaz de liberarme de cadenas, de fantasmas y de las fotos que llevo en mi cartera. Aun así, me quedo con el placer de un acercamiento de tropas maravilloso. Ahora están allí, oteando el horizonte en el que brillas como la estrella que ayer noche llevé en mi bolsillo.

No voy a preguntarme más qué hubiese pasado, prefiero sacar fuerzas de nuevo, y fijar en mis deseos un objetivo con nombre mitológico, con cabellos del color de la mañana más luminosa, y una sonrisa tan grande, que en ella entran cuantos sueños sea uno capaz de imaginar.

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