Category: Lo dicen por mi

Anoche

Anoche estuvo aquí,
llevo pensando en ello todo el día.
Subo y bajo Gran Vía como un policía local,
como el autoestopista de sus sueños,
pisando los charcos de 1956.

Anoche estuvo aquí,
llevo pensando en ello todo el día.
La nevera vacía, la ropa tendida,
sin ganas de patrullar.

Quise mucho a esa chica…
pero espero que no vuelva nunca más.

Anoche estuvo aquí,
llevo pensando en ello todo el día.
Si me acerco se gira, si aprieto me enfila,
y ya no tiene vuelta atrás.

Quise mucho a esa chica,
pero espero que no vuelva nunca más.

Quise mucho a esa chica.

Amar, querer, querer amar…

Se conocieron en esos dobleces de la vida que se encuentran en la esquina. Esos dobleces que no piden permiso y que se meten descaradamente en la página de la historia irrumpiendo, sacudiendo, provocando. Esas cosas que pasan porque sí, porque es el destino o lo que es mejor aún, porque es lo que atraemos a nuestra vida cuando nos permitimos pensar y sentir.

No eran dos extraños, ni tampoco uno. No eran uno ni otro, ni dos, ni ninguno. No habían sido creados el uno para el otro y perfectamente podían vivir separados. Pero se necesitaban, eran esa perfecta combinación de agua y cal, la armonía de la templanza y el carácter, la concordia endiablada del orgullo y la humildad. Eran ellos, solo ellos, en armonía casi perfecta.

-“Estamos jugando con fuego, Amor”- dijo con vos calma -“ y nos vamos a quemar…”
-“Quemémonos Amor”- replicó él -“ juntemos nuestras hogueras y que arda el fuego.”–

Y fue entonces el silencio. Un silencio de miradas. El silencio de los gritos del alma.

En ese silencio se quedaron, extasiados. Cada uno con su historia, revolviendo en su memoria episodios de la vida que le dieran permiso para ceder. Sus corazones latían, sus mentes agitadas, buscaban subsidios que quitaran la culpa. Sus cuerpos ardían.

–“Eres tú mi Principito”- comentó sin apartar su vista de las páginas del libro que tanto amaba.
-“Entonces puedo aspirar a la corona…” –“Te amo”- dijo el principito.
-“Yo también te quiero”- dijo ella.

–”No es lo mismo”– respondió. “Querer es tomar posesión de algo, de alguien. Es buscar en los demás eso que llena las expectativas personales de afecto, de compañía…

Querer es hacer nuestro lo que no nos pertenece, es adueñarnos o desear algo para completarnos, porque en algún punto nos reconocemos carentes.

Querer es esperar, es apegarse a las cosas y a las personas desde nuestras necesidades. Entonces, cuando no tenemos reciprocidad hay sufrimiento. Cuando el “bien” querido no nos corresponde, nos sentimos frustrados y decepcionados.

Si quiero a alguien, tengo expectativas, espero algo. Si la otra persona no me da lo que espero, sufro. El problema es que hay una mayor probabilidad de que la otra persona tenga otras motivaciones, pues todos somos muy diferentes. Cada ser humano es un universo.

Amar es desear lo mejor para el otro, aun cuando tenga motivaciones muy distintas.

Amar es permitir que seas feliz, aun cuando tu camino sea diferente al mío. Es un sentimiento desinteresado que nace en un donarse, es darse por completo desde el corazón. Por esto, el amor nunca será causa de sufrimiento.

Cuando una persona dice que ha sufrido por amor, en realidad ha sufrido por querer, no por amar. Se sufre por apegos. Si realmente se ama, no puede sufrir, pues nada ha esperado del otro.

Cuando amamos nos entregamos sin pedir nada a cambio, por el simple y puro placer de dar.

Pero es cierto también que esta entrega, este darse, desinteresado, solo se da en el conocimiento. Solo podemos amar lo que conocemos, porque amar implica tirarse al vacío, confiar la vida y el alma. Y el alma no se indemniza.

Y conocerse es justamente saber de vos, de tus alegrías, de tu paz, pero también de tus enojos, de tus luchas, de tu error. Porque el amor trasciende el enojo, la lucha, el error y no es solo para momentos de alegría.

Amar es la confianza plena de que pase lo que pase vas a estar, no porque me debas nada, no con posesión egoísta, sino estar, en silenciosa compañía.

Amar es saber que no te cambia el tiempo, ni las tempestades, ni mis inviernos.

Amar es darte un lugar en mi corazón para que te quedes como padre, madre, hermano, hijo, amigo y saber que en el tuyo hay un lugar para mí.

Dar amor no agota el amor, por el contrario, lo aumenta. La manera de devolver tanto amor, es abrir el corazón y dejarse amar.”

-¿Puede existir algo tan noble?- interrogó la mujer que había quedado embelesada con las palabras que escuchó.

Convengamos que las armas de un seductor de la vida son las palabras alineadas justo en el lugar indicado para provocar el efecto que necesita en su interlocutor. Ésas son cualidades que conquistan corazones simples, sencillos y me atrevo a decir, los más rebeldes y osados, si se estudia la manera de ubicar las sílabas en una combinatoria perfecta.

Nunca supe cómo lo hizo, pero fue ganando su corazón y aunque se resistía y procuraba no cambiar sus esquemas de vida, las estructuras ensambladas se sacudían en su presencia. Los perdí de vista aquel verano y nunca más supe de ellos. Cuando camino por la calle, cuando estoy en lugares con mucha gente los busco ; busco sus miradas, sus sonrisas. Espero encontrar la energía que irradiaban cuando pasaban juntos. Y creo verlos, en otras sonrisas y otras miradas, tan enamoradas como aquellas… que también piden a gritos permiso para explotar.

Las cosas del alma no pueden callarse. Se cuelan por los poros de la piel, en el brillo de los ojos, en la resonancia de la voz y hablan, se expresan, gritan… gritan… Cada sensación es un mensaje suyo queriendo escaparse de la prisión que le ponemos.

Hay una vida allá afuera. Hay un mundo que quiere regalarnos su belleza. Hay seres que buscan ser amados y que quieren sentir nuestro amor. El alma, puede salir de su nido; puede, si lo quiere, tomar vuelo. Y solo Dios será juez de lo que decidamos.

Todas las noches

Todas las noches olvido que no estás. Aveces hablamos, otras vuelves a subir tu pierna sobre la mía, mientras ves terminar cualquier revienta cerebros en la TV, y yo ya voy por el segundo sueño. Todas las noches olvido que te olvidé, y los sueños se tornan pesadillas siempre al amanecer.

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