Ella

Ella

Siempre hay canciones a las que echar el guante cuando hacen falta. Canciones a las que repudias en otros momentos porque son superiores a ti. Te desarman, te descolocan el débil andamio en el que crees estar seguro.

Existe una de esas canciones para mí. Jamás pasa por mis oídos, hasta que el viento empieza a soplar justo en la dirección hacia donde yo no miraba. Es entonces cuando, como hoy, puedo reventar mis tímpanos escuchándola una y otra vez, hasta la obsesión, hasta el desgarro mental. Me desarma ella, me desarmo y pienso en lo fugaz de todo aquello que creemos tener bien agarrado en el interior de cualquiera de nuestros puños.

No me hizo falta nunca escuchar detenidamente su mensaje, aunque su melodía y cadencia me hiciesen el amor como la más grande de las amantes. Hoy abrí el libreto y mis ojos hicieron que conociera su mensaje. Hay cosas que parecen estar escritas, por mucho que repudie al destino. Y ella, lo tenía desde hace años guardado para mí, para cualquiera al que los sentimientos le importen más que el aire que respira.

Hoy no quiero sorpresas, ni alarmas, como me dijo ella, sólo quiero sentir sin llenarme los zapatos con barro. Sopla, cogeré abrigo y volveré a los brazos de la única que sin palabras me lo dice todo, mi guitarra, y esta canción.

Hoy no soy yo el que te cuenta, el que te dice, el que te adula o halaga con torpes palabras. Intentos infructuosos por hacerte llegar un mensaje, una pasión. Pretensión humilde para que me lleves contigo allá donde te encuentres, desnuda del tiempo o la distancia, siempre conmigo.

Hoy me dio por “flojear” en mis intentos, por pedir ayuda a los maestros y no caer, si así fuese, en ningún error de principiante. Porque eso es lo que siempre seré mientras permanezca a tu lado. Un tembloroso neófito lleno de sueños, que se escapan por mi boca debido a mis ansias de ti, de tu cuerpo inmenso, de tus labios fijos en mi cuerpo.

Y por eso, hoy no digo más. Hoy no soy yo el que te cuenta, dice, adula o halaga, no, hoy se lo dejo a otro.

Esta es para ti, como todas, como cualquiera de las pasadas, otra más. Sólo hace falta un pequeño guiño de la vida, para traerte de frente de nuevo… Con aquella sonrisa que subió tan alto, que ninguna otra ha sido capaz ni tan siquiera de amenazarla.

Los labios de la noche se fundieron con los míos, para curar mi pobre corazón, que está partido.

La luna Luna que tú me pidas, la lunita te daré. Estrellitas del cielo para tu pelo, y para mi sed… Y para mi sed tus labios, terciopelo, fuego y miel.

De caramelo, tus labios de caramelo. Y los míos para probar la dulzura de tus besos ¡Ay tus labios, tus labios, tus labios de caramelo!

Aunque no vivo en Granda, yo siento la Alhambra. Mucho más siento estar fuera cuando tú me llamas.

Yo siento la Alhambra, Mucho más siento estar fuera cuando tú me llamas.

Cuando tú me llamas.

Ya no estás más a mi lado corazón. En el alma sólo tengo soledad. Y si ya no puedo verte ¿Por qué dios me hizo quererte Para hacerme sufrir más?

Siempre fuiste la razón de mi existir. Adorarte para mi fue religión. Y en tus besos yo encontraba, el calor que me brindaban el amor y la pasión.

Es la historia de un amor como no hay otra igual. Que me hizo comprender todo el bien, todo el mal. Que le dio luz a mi vida, apagándola después.

Ay, qué vida tan oscura. Sin tu amor no viviré.

Es la historia de un amor.

Historia de un amor

Historia de un amor

Una llamada. Una voz para calmar un río de dudas. Una contestación para regresar del sueño tornado en duelo.

Cuando hay canciones que lo dicen todo. Cuando las palabras vuelven como el eco, aunque estés en un desierto inmenso. Sobran ellas y todo ser humano alrededor…

No hay manera…

Aunque lo ignores, escribo canciones mientras imagino que te las susurro al oído. Aunque te pase desapercibido, escucho canciones y todas hablan de ti. Qué dulce tortura esta en la que lamerse las heridas resulta adictivo, necesario para ese amor medio muerto, que aun pernocta en lo más profundo. Tú, sin saber, sin ser consciente, y yo muriendo tras haber puesto entre nosotros un muro invisible. Un muro que haga de salvavidas, de lienzo para pintar lo que imaginé, lo que aun imagino que harás tras él. Reír emocionada con una de mis frases, llamarme ansiosa de madrugada, o llorar desconsolada por no poder encontrarme.

Aunque tú no lo sepas, te sigo amando, con más fuerza si cabe, con locura desatada, esa que me hace amar a un fantasma, esa que me hace verte en todas ellas cuando las beso, cuando les sonrío inmóvil, creyendo haberte sonreído. Sí, hago todo esto, aunque tú no lo sepas.

Gracias tocayo.

El silencio, se hace largo. Y me voy haciendo cargo de que sigo… obstinado en mi error.

- Juan Perro -

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