Hoy quiero acordarme, hoy quiero tenerlas frente a mí, aunque no estén. Hoy quiero decirles que sembraron los cimientos de lo que he llegado a ser. Me gustaría contarles, por si no lo saben, que cuando la penumbra lo inundaba todo, me agarraba fuerte a sus arengas para no perder aun más el norte.

Aveces hacen falta las palabras, las voces, pero mi condición humana me lleva al error y al acierto, como a todos. Y por eso, un día más, como todos desde que os incluí en mi corazón, os miro sin abrir los ojos y os cuento toda esta historia, por si en algún momento mis actos mundanos os hicieron dudar de mi lealtad, amistad y transparencia a vosotras.

Mis amigas

Mis amigas

También puede diluviar en el paraíso. También puede oscurecerse la mañana cuando una nube atraviesa el firmamento. Hacen falta arrestos para esperar a que pase la tormenta, sin que se tambaleen tus cimientos. Pero si éstos son firmes, fuertes y arraigados en la sinceridad, en la verdad, en el amor transparente y puro… que vengan cuantas tempestades quieran venir. Aquí las venceré sentado, agarrado fuerte a tu mano.

Lluvia en el paraíso

Lluvia en el paraíso

El beso

El beso

Tienes un nombre como una predicción. Una bendición impuesta, en un recodo del camino.

Camino de estrellas, de espectadores impávidos amados por su dulce timbre.

Amado por un significado, como un Dios por sus fieles. Recorrido por su voz y su nombre.

Ojiplático ante tantos designios, ante la sentencia de los ángeles. La miro y respeto, acato entusiasmado.

No es tu nombre ¿O sí? ¿Eres tú tu mismo nombre? Vivo para ver dichas respuestas en tu boca.

Amada mía… Sin distinción ni lenguajes. Con la locura de poder gozarte.

Maite, Maitetxu… Venida del significado, atraída por la sed de un nombre cierto.

Ella

Ella

Siempre hay canciones a las que echar el guante cuando hacen falta. Canciones a las que repudias en otros momentos porque son superiores a ti. Te desarman, te descolocan el débil andamio en el que crees estar seguro.

Existe una de esas canciones para mí. Jamás pasa por mis oídos, hasta que el viento empieza a soplar justo en la dirección hacia donde yo no miraba. Es entonces cuando, como hoy, puedo reventar mis tímpanos escuchándola una y otra vez, hasta la obsesión, hasta el desgarro mental. Me desarma ella, me desarmo y pienso en lo fugaz de todo aquello que creemos tener bien agarrado en el interior de cualquiera de nuestros puños.

No me hizo falta nunca escuchar detenidamente su mensaje, aunque su melodía y cadencia me hiciesen el amor como la más grande de las amantes. Hoy abrí el libreto y mis ojos hicieron que conociera su mensaje. Hay cosas que parecen estar escritas, por mucho que repudie al destino. Y ella, lo tenía desde hace años guardado para mí, para cualquiera al que los sentimientos le importen más que el aire que respira.

Hoy no quiero sorpresas, ni alarmas, como me dijo ella, sólo quiero sentir sin llenarme los zapatos con barro. Sopla, cogeré abrigo y volveré a los brazos de la única que sin palabras me lo dice todo, mi guitarra, y esta canción.

Y se inundó el camino de flores desde tu llegada. Desde entonces camino apartando sus pétalos a cada paso. Amo tu desnudez como el loco ama su paranoia, o como el cuerdo a su estancia. La tengo presente en el beso, en el abrazo o en cualquier caricia. Si de mí dependiera, volveríamos a desnudar todas nuestras vergüenzas, sólo por contemplarte a diario como pintada por el pincel del pintor o moldeada con la mano de cualquier maestro alfarero de Triana.

Amaneces, y amanezco. Ríes y me conviertes en Montesco. Lloras y hago llorar al cielo, por no hacerte sentir que lloras sola. No hay lugar ni paraíso, no existe posada o aposento en el que mis deseos encuentren descanso. Son tus brazos el único puente que me ofrece resguardo, calma o fuego intenso cuando mi ser te llama. Allí quiero estar, asomado al ventanal de tu boca que no descansa, que me mata, me desata.

Flores, flores mi niña, sólo veo flores.

Rosa

Rosa

Qué relativo es todo, y el tiempo, mucho más. Qué fijación tienen los humanos con la medición de algo que para unos puede llegar a ser tan etéreo, y para otros tan insignificante. Pero caemos, caigo. Como ser vivo, mortal como el que más, y recuerdo que se cumplen cifras redondas. Hoy mismo, si la memoria no me engaña, me quité la pesada carga de la vergüenza, del miedo, y viéndote ocupada, desarmada, probé de tu boca el beso que hoy me mantiene “cuerdo”, atado a un mundo de sueños sobre el que fantaseé durante demasiado tiempo.

Un mes, sólo uno. Y casi parece que los acontecimientos estuvieron allí esperando su momento. Agazapados mientras nos preparábamos, mientras calentábamos la voz antes de salir a nuestro propio escenario.

¿Es mucho? ¿Es poco? Banalidades; sólo sé que hace más de un mes que “me obligaron” a besarte la mano, y justo uno desde que comencé a sentirme el Rey de este mundo, sin creer en realeza alguna. Sea cómo fuere… Gracias Maitetxu.

Hoy no soy yo el que te cuenta, el que te dice, el que te adula o halaga con torpes palabras. Intentos infructuosos por hacerte llegar un mensaje, una pasión. Pretensión humilde para que me lleves contigo allá donde te encuentres, desnuda del tiempo o la distancia, siempre conmigo.

Hoy me dio por “flojear” en mis intentos, por pedir ayuda a los maestros y no caer, si así fuese, en ningún error de principiante. Porque eso es lo que siempre seré mientras permanezca a tu lado. Un tembloroso neófito lleno de sueños, que se escapan por mi boca debido a mis ansias de ti, de tu cuerpo inmenso, de tus labios fijos en mi cuerpo.

Y por eso, hoy no digo más. Hoy no soy yo el que te cuenta, dice, adula o halaga, no, hoy se lo dejo a otro.

El único olor que necesito llevarme cada noche, es el olor de tus labios, el de tus besos.

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Espiral maravillosa

Espiral maravillosa

Sin tener ni pies ni cabeza. O eso, o los pies y la cabeza más lindos de la existencia… ¿Ahora…? No, ahora no, espera. No descubras tu impaciencia, tu sed o tus ansias. Pero… a unos centímetros del cielo, sintiendo casi, imaginando, ya me sentí el ser más feliz de aquel salón, de aquella calle, de aquella ciudad, de este mundo.

Y no quise por un momento ni pensar en moverme de aquella bendita distancia, reclamada desde hace años en sueños, y que por arte de vir y virloque, de rodar y rodar, de caer y levantarse, se mostraba frente a mí como si de una película se tratase. Una película sólo para mí, sentado en un cine vacío, dedicado a ti, a observarte, a escudriñar cada suave movimiento de tu pelo.

Y de nuevo… Pero… ¿Y si me dejo caer, sin cuerda alguna desde este acantilado? ¿Y si rompo el tabú de lo platónico y paso a convertirme en un ser inmenso, ataviado con las alas que me brinden sus besos? Qué dicotomía más maravillosa. Gozar como lo estaba haciendo, sin dar un centímetro de más o de menos a una “batalla” perdida, o alzar mi estandarte y presentar mis respetos más allá de tu “trinchera”.

Creo que después de todo me quedé en las dos orillas. Una en la que sabes que te espero sentado antes de que el día cese. Imaginando como un chiquillo tu llegada, tu sonrisa. Y esa otra orilla en la que son dos los huecos en la arena, dos miradas hacia el horizonte que parece tragarse el último Sol, mientras te paso el brazo por los hombros, te sonrío, y me acuerdo de aquella noche en la que aproveché tu indefensión para contarte sin palabras que te he buscado sin buscarte, que te aguardé sin esperarte.

Cuán maravillosas son las vueltas de la vida. Infinitas esquinas tras las que sientes, pero no conoces, intuyes, pero no tienes la confirmación. Vueltas y vueltas hasta que ves señalado el camino sólo para ti. Como un cartel luminoso en una noche oscura, en una carretera desierta en la que de pronto aparecieses para terminar el camino… juntos.

Esta es para ti, como todas, como cualquiera de las pasadas, otra más. Sólo hace falta un pequeño guiño de la vida, para traerte de frente de nuevo… Con aquella sonrisa que subió tan alto, que ninguna otra ha sido capaz ni tan siquiera de amenazarla.

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