Flores

Y se inundó el camino de flores desde tu llegada. Desde entonces camino apartando sus pétalos a cada paso. Amo tu desnudez como el loco ama su paranoia, o como el cuerdo a su estancia. La tengo presente en el beso, en el abrazo o en cualquier caricia. Si de mí dependiera, volveríamos a desnudar todas nuestras vergüenzas, sólo por contemplarte a diario como pintada por el pincel del pintor o moldeada con la mano de cualquier maestro alfarero de Triana.

Amaneces, y amanezco. Ríes y me conviertes en Montesco. Lloras y hago llorar al cielo, por no hacerte sentir que lloras sola. No hay lugar ni paraíso, no existe posada o aposento en el que mis deseos encuentren descanso. Son tus brazos el único puente que me ofrece resguardo, calma o fuego intenso cuando mi ser te llama. Allí quiero estar, asomado al ventanal de tu boca que no descansa, que me mata, me desata.

Flores, flores mi niña, sólo veo flores.

Rosa

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