Archive: March 2013

El beso
El beso

Aquella que es amada

El beso

El beso

Tienes un nombre como una predicción.
Una bendición impuesta,
en un recodo del camino.

Camino de estrellas,
de espectadores impávidos
amados por su dulce timbre.

Amado por un significado,
como un Dios por sus fieles.
Recorrido por su voz y su nombre.

Ojiplático ante tantos designios,
ante la sentencia de los ángeles.
La miro y respeto, acato entusiasmado.

No es tu nombre ¿O sí?
¿Eres tú tu mismo nombre?
Vivo para ver dichas respuestas en tu boca.

Amada mía
Sin distinción ni lenguajes.
Con la locura de poder gozarte.

Maite, Maitetxu…
Venida del significado,
atraída por la sed de un nombre cierto.

Sin sorpresas

Ella

Ella

Siempre hay canciones a las que echar el guante cuando hacen falta. Canciones a las que repudias en otros momentos porque son superiores a ti. Te desarman, te descolocan el débil andamio en el que crees estar seguro.

Existe una de esas canciones para mí. Jamás pasa por mis oídos, hasta que el viento empieza a soplar justo en la dirección hacia donde yo no miraba. Es entonces cuando, como hoy, puedo reventar mis tímpanos escuchándola una y otra vez, hasta la obsesión, hasta el desgarro mental. Me desarma ella, me desarmo y pienso en lo fugaz de todo aquello que creemos tener bien agarrado en el interior de cualquiera de nuestros puños.

No me hizo falta nunca escuchar detenidamente su mensaje, aunque su melodía y cadencia me hiciesen el amor como la más grande de las amantes. Hoy abrí el libreto y mis ojos hicieron que conociera su mensaje. Hay cosas que parecen estar escritas, por mucho que repudie al destino. Y ella, lo tenía desde hace años guardado para mí, para cualquiera al que los sentimientos le importen más que el aire que respira.

Hoy no quiero sorpresas, ni alarmas, como me dijo ella, sólo quiero sentir sin llenarme los zapatos con barro. Sopla, cogeré abrigo y volveré a los brazos de la única que sin palabras me lo dice todo, mi guitarra, y esta canción.

Flores

Y se inundó el camino de flores desde tu llegada. Desde entonces camino apartando sus pétalos a cada paso. Amo tu desnudez como el loco ama su paranoia, o como el cuerdo a su estancia. La tengo presente en el beso, en el abrazo o en cualquier caricia. Si de mí dependiera, volveríamos a desnudar todas nuestras vergüenzas, sólo por contemplarte a diario como pintada por el pincel del pintor o moldeada con la mano de cualquier maestro alfarero de Triana.

Amaneces, y amanezco. Ríes y me conviertes en Montesco. Lloras y hago llorar al cielo, por no hacerte sentir que lloras sola. No hay lugar ni paraíso, no existe posada o aposento en el que mis deseos encuentren descanso. Son tus brazos el único puente que me ofrece resguardo, calma o fuego intenso cuando mi ser te llama. Allí quiero estar, asomado al ventanal de tu boca que no descansa, que me mata, me desata.

Flores, flores mi niña, sólo veo flores.

Rosa

Rosa