Archive: September 2012

No eras tú

Mi bruja

Mi bruja

¿Pero qué…? ¿Qué son estas gotas de rocío? ¿Qué aroma es este? Lo recuerdo perfectamente, pero no llego a dilucidar su procedencia. Parece como si hubiese entrado en mi habitación aquella… no, no es posible. Después de haber construído ladrillo a ladrillo un muro de odio, de mentiras y rencor, nada le puede conducir de nuevo hacia mí.

Pero no veo bien, sólo alcanzo a ver sombras, siluetas llenas de recuerdos y de ansias.

◊ ¡Calla!
♦ ¿Pero quién…?
◊ ¡Calla! ¿No me reconoces?
♦ Sé que te amo. Sé que siempre lo hice. Pero esta maldita búsqueda de agua en el desierto está terminando con lo poco que quedaba de mi memoria. Por favor… ¿Quién eres?
◊ Soy yo. La mujer que hace que te estremezcas con sólo dibujar mi nombre en la arena de tus recuerdos. Esa bruja “malvada” del norte sin la que no puedes dar un sólo paso hacia adelante.
♦ Eso es imposible. Mi bruja no está, prendí yo mismo el fuego que la quemó en mi olvido.
◊ Resultó que ese fuego sólo hizo avivar aun más el altar en el que te puse. Hoy no aguanté más, y salí de tu recuerdo. Ahora estoy aquí, pero no por mucho tiempo.
♦ ¿Dices que cruzaste el avismo al que te empujé únicamente para mostrarme de nuevo este maldito deshielo? ¿Dices que mantuviste encendida la llama para guardar su agonía? ¿Para venir hoy a soplarla juntos? Tu no eres quien dices ser; como mucho tienes su cuerpo, su sonrisa, su olor o sus gestos, pero nada más. Ella jamás habría vuelto, así no.

Ya está bien de cuentos de vidas pasadas y futuras. Si he de encontrarte lo haré porque así lo quiera, y ahora me niego a creer que abriste la caja sólo para mirar los bombones. No, ni uno más. Hoy le di la oportunidad a quien la merecía y apostaré de nuevo todo junto a ella, real, dispuesta, valiente, soñadora y preciosa. Hasta aquí llegó nuestro “combate”.

Por su propio peso

Soñando

Soñando

Qué curioso… Es verte volver la esquina del olvido, y encontrar de nuevo a mis musas de frente ¿Las llamaste tú? ¿O simplemente se han presentado por sorpresa?

Todo fluye, y desde tu primera palabra de acercamiento, ese fluir ya no es tal, sino que tiene tintes de tormenta perfecta. Escribo, borro, vuelvo a escribir y borro. Y no por no gustarme lo escrito, sino porque veo mucho mejor reflejadas todas las sensaciones que causas en mí, en el siguiente escrito.

Me matas, me descolocas, me tumbas, me haces vibrar con tus “buenos días” ¿No te parece como si hubiésemos estado dormidos? Me imagino una noche en la que, aun siendo difícil, discutimos, nos enfadamos y nos arropamos juntos, pero cada uno hacia su lado de la cama. Un sueño de años en el que el despertar es tan dulce como el café que me traes a la cama por las mañanas, por las tardes, por las noches.

Tú tienes mi corazón. Lo tienes en propiedad, aunque yo tenga su usufructo, y haga con él lo que me plazca. Pero como te de por reclamarlo… ¡Hay Dios! Sería capaz de amarte sin descanso, durante el mismo tiempo que duró nuestro “enfado”, nuestro “mal sueño”.

Esta mañana escribí una frase que no llegaste a entender. “Eso tiene fácil solución”. Y la solución no tardará en caer, como cayeron nuestros muros, por su propio peso.

Un pedacito de tierra

En la tierra

En la tierra

Un pedacito de tierra. Es lo único que le pediría al genio de la lámpara. Un pedacito de tierra en el que juntar tus cosas y las mías. Un pedacito de tierra apartado de cualquier mirada oscura que nos quiera tumbar de nuevo en las envidias, en las mentiras, en los malos sueños.

Sin nuestro pedacito de tierra estás anclada, estoy encadenado. Sabes que te amo, sé que me quieres. Siempre lo supe, y siempre lo supiste. Querría contarte de noche, después de hacerte el amor, cuantas aventuras viví estos pasados años. Querría saber en cuántos momentos amaste, pensando en mí, acordándote de que yo te quise sin freno, sin escudo, sin espada, sin mentira alguna, a corazón descubierto.

Dios sabe que te quiero cerca, que si por unos minutos pudiera volver a rozar tus labios, así lo haría, pero me queda camino en esta vida, besos que robar para suplir los tuyos.

No sé si me regalará la vida de nuevo tu presencia, pero si eso ocurre, ten por seguro que no volverás de donde viniste. Si vuelves, te quedas, o “te quedo” yo.