Archive: July 2012

…de menos

Un "cashito"  de queso

Un “cashito” de queso

Esto parece ir para largo. Creo no recordar ya cuando fue que te volviste a colar por mi ventana. Total, para el caso… Echarte de menos se ha convertido en una película de palomitas y sofá, de esas que se disfrutan antes de dormir sabiendo que puede que después el descanso brille por su ausencia. Lo bueno de esas películas es que las ves una y otra vez, sabiendo el final, pero no nos importa. Y maltratamos a un maltrecho corazón en busca de un ratito de recuerdos.

Recuerdos del primer día al romper la cama, tirar el colchón al suelo y seguir por donde lo dejamos. Recuerdos de arreglar tu cama una y otra vez sin solución, sabiendo que en un rato volvería a estar caída. Recuerdos de mañanas de café en taza grande, de caminatas al colegio mientras las piernas me temblaban de cansancio. Vuelta por las callejuelas y un cortado, con magdalena, por supuesto. Y tu sonrisa, esa sonrisa inocente que logré sacar de vez en cuando.

Recuerdos de noches de noviembre con los pies mojados por el mar. De músicos al ocaso tocando melodías con la trompeta. Siestas interrumpidas y desahogos en el silencio cómplice de aquello que nos contempló desde aquella bendita mañana en la que decidí ser sincero. Recuerdos de fotos robadas a hurtadillas mientras tu guardaespaldas enfurecía.

¡Qué lindo todo aquello! Qué linda al llegar del trabajo, seguir trabajando, ducharte y desplomarte en la cama, aguardando que fuera yo el que se desplomase encima tuya. Recuerdos de series interminables de televisión sin sentido alguno, de películas que pierden su significado cuando apenas las puedo ver entre el hueco que me dejan tus piernas. “La Vida de Brian” dice… ¿Qué si la he visto? Por lo menos 50 veces, pero aun no sé cómo termina.

Cada fin de año desde aquel, mis ojos mantienen a todas las mujeres con vestidos cortos, muertas de frío abrazadas a mí mientras llega el próximo taxi. Recuerdos de cenas frías pero deliciosas al calor de esos ojos ardientes. Uno y mil como ese, así como en El día de la Marmota.

Lo eliminé todo para quedarme únicamente con esto. Con echarte… de menos, no de más. Aquello de más lo inutilicé por que no sé ser rencoroso ni vengativo, aunque a veces pudiese haberlo parecido. Te quise tantísimo… que preciosa, jamás se olvida un amor así.

Mi bruja vuelve

La bruja comenzó a hablar. Miró de nuevo al mar y le pidió que transportara sus conjuros y plegarias hacia el sur, allá donde siempre son escuchados. Se la veía cansada, resuelta a abandonar las sombras de una vez por todas y emigrar por fin a donde sus dones hiciesen el bien. Ella ya había notado el calor del amor en sus labios, en su cuerpo desnudo de mentiras, y ya eran muchas las noches en las que despertaba ansiosa, apesadumbrada y triste, recordando a quien le hizo por una vez en la vida bajar su escudo.

Eran para él aquellas plegarias, aquellos conjuros. Aquel caballero venido de las tierras cálidas del sur, en las que vivir se limita al segundo siguiente. A base de transparencia, verdad y sinceridad quebró las murallas que la rodeaban, derribó sus almenas, rindió sus defensas.

Él creía muertas las palabras, olvidados los caminos, las sensaciones y los sentimientos. Pero una noche cualquiera de verano, aquellos conjuros se hicieron presentes en la habitación del caballero, y lo hicieron levantar como un resorte, como lo hicieron antaño. Ignoraba motivos, desconocía el por qué la imagen de su bruja del norte seguía sembrando en él aquellos sentimientos. El puente que les unió lucía helado e inhóspito, pero algo había cruzado, había llegado hasta él.

Quizás aquella bruja del norte pensara tan intensamente a su caballero, que casi se hiciera presente sin estarlo, no lo sé, quizás. Quizás hoy mismo, esta noche sea cuando por fin despierte.

Mi bruja del Norte

Mi bruja del Norte