Aquello que me faltó

De sobra lo sabes. Creo que lo supiste desde que te vi llegar tras de mí, sonriente, preciosa. Desde ese instante tuve que hacer verdaderos esfuerzos para no mirarte, para no quedarme inanimado como en una instantánea antigua, de tiempos felices y dulces. Así que traté de suplir mi falta de miradas con un montón de palabras que, como todos los caminos, llevaban siempre a ti, mi única “Roma“.

Y decidiste que cayeran mis defensas, cuando te diste cuenta de que mis ataques quedaron en la trinchera, llenos de miedos, de dudas maravillosas que espero no me acompañen demasiado tiempo. Por un instante supe que te tenía delante, que la búsqueda errante había terminado con una de tus sonrisas, con una de tus bajadas de mirada atenazada por el torpe rubor que de vez en cuando causaron mis palabras.

Hoy soy yo el que ni necesita ni desea ser amante de una noche. Ahora me siento tranquilo a leer el libro de mis anhelos mientras observo y tomo notas en él. De sobra sabes que si deseas descansar, aquí hay un hueco a mi lado. Pasaré mi brazo sobre tus hombros y dejaré que leas la última página de un libro que deseo cerrar, y cogeremos uno en blanco de la estantería para llenarlo juntos de dudas maravillosas, de miedos compartidos y, sobre todo, de una linda vida imperfecta.

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Amiga mía

Los suyos
Los suyos

¿Por que nada ni nadie llena este hueco? ¿Por qué todo termina tornándose mundano, vulgar y tedioso? ¿Por qué no encuentro en miles de labios la misma dulzura que en los suyos? ¿Es que a caso estoy destinado a vagar y penar por lo que perdí? ¿No seré capaz de hacer que en mi estómago vuelvan a volar mariposas?

Son muchas preguntas amiga mía, lo sé, y no pretendo que las respondas, puesto que yo mismo creo que no tienen respuesta. Simplemente hoy me encuentro arrinconado por mis dudas, por este martillear incesante que me recuerda una y otra vez que el cielo está ahí, que puede que hoy me secuestre.

Un beso, amiga mía.

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Volviendo a ver amanecer

Sin creer en el destino, hay veces que la vida tiene a bien regalarte momentos inolvidables. Y por eso hay tardes en las que ves la aurora por segunda vez. Es por eso que comienza a tener sentido el caminar dubitativo de cualquier mañana gris, monótona.

Tomaré una frase prestada para hacerte llegar un sentimiento.

Porque no, no, no. Nada se mueve si no lo empujo yo.

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Por si…

Mi playa

Por si entras. Por si te dejas caer por este cajón desastre en el que encierro a mis fantasmas para conseguir que mis días, mis mañanas, amaneceres o atardeceres sean libres.

Eres libre de escudriñar cuanto te apetezca, buscando palabras, frases del pasado que hoy no te deben llevar a engaño. Mis fantasmas son eso, meros espectros de un pasado en el que lo entregué todo, y por eso se empeñan en perseguirme. Pero a base de conjeturas conseguí arrojarlos fuera de mis pensamientos, que hoy, vuelan más libres y fuertes que nunca. Míralos de frente, reconócelos como lo que son, pinturas en la pared. No les temas porque no llegan ni al grado de sombra.

Has logrado lo que nadie, queriendo o sin querer, logró. La vi en cuantos ojos me crucé, pero preciosa, hoy miro los tuyos y me pierdo en ellos, ni rastro, ni recuerdos ni fantasmas. Sólo una mirada inmensa en la que perderse coronada con una sonrisa que no deja entrar nada más, lo ilumina todo. Sonríes, sonrío. Llevado por la más absurda de las improvisaciones, libre, eterno. Sabiendo que el cajón de mis desastres ha cambiado de color, para regresar a mi querido verde, el de mi Luna Verde, el de las esperanzas y sueños comunes. Esas esperanzas que deseo fervientemente susurrarte al oído mientras deslizo mi labio inferior sobre el tuyo.

Soy así, caótico y anarquista con mis emociones. Porque no entiendo de esperas, sino de impulsos, de esos que me llevaron con un clavel rojo a tu presencia, a tu sonrisa. Sólo por eso, gracias bella dama.

No dejes de sonreír
No dejes de sonreír
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Mentiras

Fantasma
Fantasma

He abierto las ventanas de par en par. Ahora entra el aire a espuertas mientras tecleo y tecleo palabras sin sentido. Simplemente siento que algo ocurrió, que algo desciende lentamente por el tobogán de mis tropelías, y se apresta a dedicarme un episodio más de mi vida.

Sí, parece que sí. Una vez más todo está preparado para la fiesta. Hay bebidas, gente simpática, un par de dulces muñecas y un solitario músico en el piano ¿Qué más puedo pedir? Bueno, quizás que estuvieras aquí, pero no lo tengo demasiado claro. Una parte de mí desearía que esta fiesta fuera con motivo de nuestro encuentro definitivo, y otra convierte la celebración en un nuevo nacimiento. El ser que muere y renace, que sobrevive a todo lo pasado y lo escamotea bajo la alfombra para sólo mostrarlo cuando viene su madre.

Creo que me haré a la idea ¿Qué remedio? Las mujeres buscando príncipes azules nunca me interesaron. Más que nada porque yo debo ser un príncipe rojo. Hecho del barro que pisa el campesino, de la sal que cubre las manos del marinero. Y después de todo no sé si tú buscaste algo en mí, o simplemente disfrutaste de aquel instante. Muy lícito, no te lo niego preciosa, pero humillante, al menos para mí.

¿Ves? Me puse a escribir sin querer pensarte y apareciste tan risueña como siempre ¿Cuándo? ¿Cuándo te borrarás? ¿Hasta cuándo este tremendo desastre? Hoy no te quiero, decidido. Me río, qué patético, no me lo creo ni yo. Es como cuando decía a mi hermana que me prestara algo, o de lo contrario dejaría de ser su hermano ¿Acaso podría dejar de serlo así, por arte de magia? ¿Acaso podría dejar de amarte como te amo, así, como por arte de magia? Puede, y de hecho lo haré, que lo intente denodadamente hasta que las quijadas se me desencajen de tanto reír de manera forzada. Pero me da igual, me es completamente indiferente. Ya lo he dicho ¿No? Hoy paso de quererte, me niego a volver a reconocerte en esa preciosidad que me espera próximamente. Ella te sustituirá, lo sé, lo presiento.

Además, hoy no estás, hoy no eres mi luna verde. Ayer sí, me sorprendiste mientras casi dormitaba iluminando mi habitación con tu fugaz destello de color verde. Pero hoy no. Hoy, simplemente, no apareces. Debes estar con aquel que dijiste que te hacía sonreír, pasarlo bien, con ese. Pero a mí me da igual, hoy no te amo, hoy digamos que tampoco te me apareces.

Qué egoísta eres ¿No tienes suficiente con mis sueños? ¿También te vas a colar volando cuando me emborrache? Por favor, hazme un bendito favor… desaparece.

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Ahora sí…

Ya no me apetece seguir. Cuando llames no habrá nadie al otro lado del teléfono. No irá nadie a recogerte a la estación si regresas, no. Estoy muy cansado ya de fingir que no espero, mientras las manecillas del reloj me recuerdan que puedo mirar por la ventana y encontrar unos ojos en los que no te vea reflejada.

Amores eternos, amores de película, o amores, en una sola palabra. Eso fuiste tú, repetida una y mil veces en cada cama que me acogía, en cada mujer que desvestía sólo para acordarme de lo bella que eres. Y es que estoy tan sumamente cansado mi amor, tan derrotado por esta espera impuesta por mi corazón rebelde. Él, se niega a asumir esta partida, esta huida hacia la nada, este desierto interminable que serán mis días hasta el día en el que vuelva a encontrarte, vestida de rojo, haciéndome señales en el cuello, incapaz de volver a escaparte.

Y ahora sí lo haré de verdad, porque no aviso del suicidio, simplemente te suelto la mano a la vez que quito el dique que retiene mi última lágrima, y veo volar hasta perderse a tu fantasma, el mismo que me acompañó de cerca, haciéndome sentir humilde, y a la vez el más grande.

Borracho, de cansancio y de ti, de verte detrás de cada palabra que reciben mis oídos, a la sombra de cualquiera de mis refugios. Necesito que te marches, porque sé que ya, simplemente, jamás estarás, jamás volveré a amarte.

Y a ti, te sonará a risa, a estupidez de un gilipollas que simplemente tuvo la osadía de enamorarse ¡Qué palabra! “Enamorarse” ¿Por qué? Supongo que la gente, tú entre ellas, no tiene en cuenta realmente su significado, y lo hacen brotar de sus labios impacientes sin tener en cuenta a quién envían semejante mensaje.

Sí preciosa, me enamoré de ti. Lo hice y descubrí como en el cuento, que hay palabras con las que jugar una sola vez en la vida. Descubrí que me tocó el lado triste de la historia, ese en el que uno ama, y el otro dice amar, aunque sus actos no lo demuestren. Pero bueno mi amor, no es ningún desastre. Tu sigue corriendo hacia tus sueños, esos de los que un día creí formar parte. Y cuando llegues a ellos no pares, sigue soñando y recogiendo el fruto de una lucha fuerte y sincera, la tuya.

Y bueno, más cansado aun, me cuesta, pero debo, y pongo el punto y a parte.

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