La “conjetura perfecta”, y cierta
by Enrique
Todo está ya en silencio. Sólo quedan pedazos de mi por todas partes. Cuando creí que mi vida no llegaría más allá de unos segundos más, no me hizo falta besarte para que me insuflaras el aire con el que cada mañana saco fuerzas y abro mis ojos.
Tuve y tengo miedo. Un miedo egoísta a quedarme de nuevo sólo en el frente y recibir ráfagas llenas de balas con punta envenenada. Tengo mucho miedo, aterrorizado, pero resulta que mi miedo no se basa en ti, sino en la cordura que me falta, en la confianza que perdí en mis acciones, a las que sí, tengo muchísimo miedo.
Temo querer rozarte, y que no quieras. Temo querer besarte, y que no quieras. Temo querer enamorarme, y que tú, simplemente, no lo veas. Podría estár mil vidas intentando asaltar tu corazón a base de la fuerza bruta del ímpetu de mis palabras, nacidas de la sinceridad absoluta dictada desde mi corazón. Ése que hoy, tiembla aun temiendo ser pisoteado y destrozado de nuevo. Pero eso no me asusta, le asusta a él. Yo temo no causar, no provocar, no hacer nacer en ti todo lo que sueño.
Esto es una conjetura perfecta. Perfecta y cierta, sin papeles ni guión. Tan real que si quisieras, si desearas, bastaría con una llamada para alojarme a dos centímetros de ti, y dejarme llevar por fin, de una maldita y maravillosa vez.
Para mi preciosa psiquiatra particular…