Hoy intentaré ser tan libre al menos como ayer. Retrocederé para coger el impulso y soltar la bocanada de aire que me sobra también de ayer. Es simple el querer disfrutar del lápiz cuando se dibujan pensamientos enclaustrados en la luz, en la llama del mechero. Ese que enciende ideas como cigarros, convertidos en palabras humeantes que rebosan de alegría y humildad.
Soy el pasajero que viene de frente a verte cada tarde como antaño, cuando me sentaba frente a los cristales de tu portal a esperar que saliese por la puerta tu sonrisa divina. Caminar, reír, bueno, sólo es un sueño, así que… ¡qué más da!, si cuando despierte las cuerdas seguirán oxidadas y medio partidas. Sordas del tiempo, sordas a todo lo que ocurre, a los gritos que claman por la victoria de alguien muerto. Podría ser yo, lo ignoro. Como también oculto las breves charlas matutinas con el recuerdo de tu boca, esa que me costó mucho, muchísimo reconocer.
He vuelto pero no estoy aquí. Es como si de mi dependiera la rectitud del horizonte, pero yo lo viera doblado. Es más, no sé si quiera si necesito verlo. Puede que baste con imaginarte allí, lejos bañada en él, que ya es mucho el lamento y poca la tranquilidad. Por esto únicamente quiero vagar y cargar con ellos, todos juntos obrarán en consecuencia y brotará como si nadie lo viese mi aliento de vida, el que supongo alzará mis pasos hacia el pronto reencuentro ¿quizás esta noche?