He vuelto a nacer. Descalzo, lleno de heridas cicatrizando, pero con mis sueños intactos. Desnudo al tiempo por venir, a ellas, a sus esperanzas a unir con las mías, por eso sé que lo que hoy brota de mis manos, no es más que la imagen de sus rostros, aun por conocer. Soy de palo, recto, sin movimiento alguno. Sólo espero dejarme llevar por esta brisa maravillosa que siento cada tarde cuando me acuerdo de ti, sin tener recuerdos tuyos. Es fácil caer de espaldas de nuevo, rozar el lamento de tu abandono y plasmar mis tristezas en la única que me ha querido desde que me conoció, sin compromiso alguno. Quiero el reflejo humano de ella, lo deseo. La mitad de amor murió en tus manos, o al menos eso me hiciste creer. Mentiste, arrasaste con ella, y hoy sólo encuentro consuelo en la inspiración que me dan tus acciones, para acariciar a la receptora de mis lágrimas y mis desvelos.
Algún día, próximo o no, plantaré mi mirada frente a la tuya, lo sé. En ese momento intentaré explicar el por qué de tanta malicia, rencor, odio. Y seré capaz de estar frente a mis demonios sin miedo alguno a cometer aquellos mismos errores, de los que no me arrepiento, pero aprendo. Y ahora camino descalzo de nuevo, tropezando con una y otra. Piedras nuevas con las que querer o no tropezar ¿Recuerdas nuestras piedras? ¿Recuerdas la locura y el primer beso? Yo sí, aunque no te importe. Lo conservo como oro en paño, envuelto de las caricias y las palabras de ardor con que adornabas nuestro cuento. Pasaste a ser diosa mitológica, parte de la historia de mis vidas. Sé que saltarán chispas de nuevo, porque sé que en algún punto del camino, te veré de refilón, y tú harás lo mismo.









